TEMA 4: DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD EN LA ETAPA DE LOS 6 A LOS 12 AÑOS



1. INTRODUCCIÓN



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El periodo de los 6 a los 12 años constituye un momento crucial en el desarrollo de la personalidad, y la escuela, como generadora de conocimientos, debe basar el aprendizaje tanto en la parte cognitiva como en la afectiva, ya que en las diferentes etapas del desarrollo los aspectos emocionales juegan un papel esencial en la vida y constituyen la base o condición necesaria para la formación de la personalidad.

A menudo la gente habla de la personalidad como si se tratara de un producto, como una corbata de colores brillantes que le diera vida a un taje viejo. No solo eso, algunas veces hablamos como si la personalidad consistiera en rasgos atractivos y admirables: Efecto, encanto, honestidad. Pero no vemos que la personalidad es algo mucho más complejo de lo que indica el uso ordinario del término, e incluye tantos rasgos positivos como negativos.
Resulta fácil hablar de aspectos o rasgos de la personalidad sin definir el término en si. Y lo hacemos con frecuencia: No confió en ese hombre. No es honesto, o, podemos decir: Quiero a Ana. Tiene buen corazón. Pero es difícil elaborar una definición amplia de lo que es personalidad. Un conceptoactual que podemos utilizar es: Patrón de sentimientos y pensamientos ligados al comportamientoque persiste a lo largo del tiempoy de las situaciones. La anterior es una definición bastante larga, pero es la que advierte dos cosas importantes, Primero: Que la personalidad se refiere a aquellos aspectos que distinguen a un individuode cualquier otro, y en este sentido la personalidad es característica de una persona. El segundo aspecto es: Que la personalidad persiste a través del tiempo y de las situaciones.
Los estudiosos de la psicologíasiempre ah tratado de comprender las diferentes personalidades. Pero no fue sino hasta hace un siglo que los científicos comenzaron a realizar observaciones científicas sistemáticas y a sacar conclusiones de ellas.
Algunos teóricos ponen énfasis en las experiencias de la primera infancia, otros en la herencia, y otros atribuyen el papel fundamental al medio ambiente.
Hay quienes analizan únicamente como se comportan las personas congruentes en distintas situaciones y momentos y les restan importancia al concepto de una personalidad única y consiente.
Pero debemos tener claro que la personalidad es algo único de cada individuo, y es lo que nos caracteriza como entes independientes y diferentes.


2. LA PERSONALIDAD

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Ya vimos como Freud, pensaba que la personalidad era el resultado de la resolución de los consientes y de los inconscientes de las personas, además de las crisisdel desarrollo. Muchos de sus seguidores modificaron sus teorías, uno de ellos fue, Alfred Adler, quien apreciaba una perspectiva muy distinta de la naturaleza humanade la que tenia Freud.
Adler, escribió sobre las fuerzas que contribuyen a estimular un crecimiento positivo y a motivar el perfeccionamientopersonal. Es por eso que en ocasiones se considera a Adler como el primer teórico humanista de la personalidad.
La teoría humanista de la personalidad, hace hincapié en el hecho de que los humanos están motivados positivamente y progresan hacia niveles mas elevados de funcionamiento.

Dice que la existencia humana es algo más que luchar por conflictosinternos y crisis existenciales.
Cualquier teoría de la personalidad que subraye la bondad fundamental de las personas y su lucha por alcanzar niveles mas elevados de conociendo y funcionamiento entra dentro del grupo de teoría humanística de la personalidad.

Otra teoría, es la de la tendencia a la auto realización, según Rogers, el impulso del ser humano a realizar sus auto conceptos o las imágenesque se ha formado de si mismo es importante y promueve el desarrollo de la personalidad.
También, decía que el impulso de todo organismo a realizar su potencial biológico y a convertirse en aquello que intrínsecamente puede llegar a ser.


Los teóricos de los rasgos rechazan la idea sobre la existencia de unos cuantos tipos muy definidos de personalidad. Señalan que la gente difiere en varias características o rasgos, tales como, dependencia, ansiedad, agresividad y sociabilidad. Todos poseemos estos rasgos pero unos en mayor o menor grado que otros.
Desde luego es imposible observar los rasgos directamente, no podemos ver la sociabilidad del mismo modo que vemos el cabello largo de una persona, pero si esa persona asiste constantemente a fiestas y a diferentes actividades, podemos concluir con que esa persona posee el rasgo de la sociabilidad.
Los rasgos pueden calificarse en cardinales, centrales y secundarios.

Rasgos cardinales:
Son relativamente poco frecuentes, son tan generales que influyen en todos los actos de una persona. Un ejemplo de ello podría ser una persona tan egoísta que prácticamente todos sus gestos lo revelan.

Rasgos Centrales:
Son más comunes, y aunque no siempre, a menudo son observables en el comportamiento. Ejemplo, una persona agresiva tal ves no manifieste este rasgo en todas las situaciones.

Rasgos secundarios:
Son atributos que no constituyen una parte vital de la persona pero que intervienen en ciertas situaciones. Un ejemplo de ello puede ser, una persona sumisa que se moleste y pierda los estribos.


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Evaluación de la personalidad
En algunos aspectos, medir la personalidad, se asemeja mucho a evaluar la inteligencia, En uno u otro caso se intenta cuantificar algo que no podemos ver ni tocar, y en ambos casos una buena prueba ha de ser confiable y valida a la vez.
Al evaluar la personalidad, no nos interesa la mejor conducta, lo que queremos averiguar es la conducta típica del sujeto, es decir, como suele comportarse en situaciones ordinarias.
En la intrincada tarea de medir la personalidad los psicólogos recurren a cuatro instrumentos básicos:la entrevistapersonal, la observacióndirecta del comportamiento, los testobjetivosy los test proyectivos.
Cada ves que un psicólogo se enfrenta a la difícil tarea de medir la personalidad de un individuo, asumen un reto ya que la personalidad es algo que ellos no pueden ni ver ni tocar, pero que saben que esta presente en cada una de las persona, y tratar de ver como es la personalidad de un individuo en particular no es tarea fácil para los mismos


3. AUTOCONCEPTO



images_(1).jpgLa palabra autoconcepto implica cierta complejidad ya que hace referencia a la imagen que una persona tiene de sí misma. La explicación que se le otorga a la palabra es que el autoconcepto es el concepto o idea, imagen que uno realiza sobre sí mismo a partir no sólo de lo que ve en el espejo, sino también de un sinfín de variables que se suman para completar esa imagen. Aunque esto parezca simple, el autoconcepto de una persona es siempre el resultado de un gran número de elementos tales como apariencia física, capacidades, historia, contexto familiar, éxitos y fracasos, ambiente en el cual esa persona fue criada, ambiente social, etc. Todas las personas tienen un autoconcepto o imagen de sí mismas, pudiendo ser en algunas de ellas muy elevado y en otras muy bajo. Claro está, esto dependerá de todos esos elementos mencionados y de su combinación única y peculiar.

El autoconcepto de una persona está elaborado en base a numerosos elementos como los que ya han sido mencionados. Sin embargo, también es importante señalar que esta imagen puede variar y modificarse a lo largo de los años de acuerdo al tipo de situaciones que el individuo viva. Así, una persona que podía tener una alta estima de sí misma y por tanto tener un elevado autoconcepto puede sufrir una experiencia traumática que la vuelve vulnerable y frágil. Esto en muchos casos puede tener como consecuencia una severa crisis de identidad ya que trastoca el modo en que la persona se movía en sociedad, actuaba y se comportaba delante de los otros.

También es interesante marcar que el autoconcepto que una persona genera puede no ser mostrado de manera abierta al resto de las personas. Esto es así en muchos casos cuando la persona se muestra como alguien duro, resistente e indiferente cuando en realidad esto actúa como pantalla para cubrir las inseguridades que ese individuo tiene. Así, el autoconcepto de alguien puede ser la causa de una actitud específica que puede aparecer de manera voluntaria o inconciente.
Finalmente, la consolidación de un determinado tipo de autoconcepto es característico de cada espacio en el que uno se mueve. En este sentido, en ciertos ámbitos laborales en los cuales se da mucha competencia entre pares se buscan personas con un autoconcepto o una imagen de sí mismas elevada que le permita demostrar confianza y solidez en cualquier tipo de situación

  • Nivel cognitivo-intelectual: constituye las ideas, opiniones, creencias, percepciones y el procesamiento de la información exterior. Basamos nuestro autoconcepto en experiencias pasadas, creencias y convencimiento sobre nuestra persona.
  • Nivel emocional afectivo: es un juicio de valor sobre nuestras cualidades personales. Implica un sentimiento de lo agradable o desagradable que vemos en nosotros.
  • Nivel conductual: es la decisión de actuar, de llevar a la práctica un comportamiento consecuente.

Los factores que determinan el autoconcepto son los siguientes:
  • La actitud o motivación: es la tendencia a reaccionar frente a una situación tras evaluarla positiva o negativa. Es la causa que impulsa a actuar, por tanto, será importante plantearse los porqués de nuestras acciones, para no dejarnos llevar simplemente por la inercia o la ansiedad.
  • El esquema corporal: supone la idea que tenemos de nuestro cuerpo a partir de las sensaciones y estímulos. Esta imagen está muy relacionada e influenciada por las relaciones sociales, las modas, complejos o sentimientos hacia nosotros mismos.
  • Las aptitudes: son las capacidades que posee una persona para realizar algo adecuadamente (inteligencia, razonamiento, habilidades, etc.).
  • Valoración externa: es la consideración o apreciación que hacen las demás personas sobre nosotros. Son los refuerzos sociales, halagos, contacto físico, expresiones gestuales, reconocimiento social, etc. "


3.1 Fundadores de la tradición del estudio científico del autoconcepto:


Hay varios autores que hablan sobre el autoconcepto, pero nosotros nos vamos a centrar en cuatro. El primero de ellos es William James, el cual estableció que el conocimiento que posee una persona sobre sí mismo está formado por dos vías distintas: el Yo existencial o agente encargado de conocer, y el Yo empírico, que se refiere a todo aquello que debe de conocer al Yo existencial.
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La idea del Yo existencial será la base de lo que actualmente conocemos como autoconcepto. Este término se forma con distintos elementos, entre los que encontramos el conocimiento que tenemos de nosotros mismos a partir de lo que sabemos que otras personas piensan de nosotros. También destaca la función que tienen "los otros" como sujetos, ya que facilitan la construcción de la imagen que cada individuo tiene de sí mismo. Y, por último, el Yo existencial, supone todo aquello que conocemos de nosotros mismos, es decir, el conjunto de características físicas, intelectuales, afectivas, sociales, etc, que forman la percepción que un sujeto tiene de sí mismo.

Estos aspectos, el Yo existencial y el Yo empírico, se encuentran íntimamente relacionados y se influyen mutuamente a lo largo de la vida de cada sujeto. Este autor señala la importancia de tener en cuenta la distancia entre lo que el individuo cree de sí mismo y lo que realmente es, o entre las aspiraciones y las capacidades.

Por otro lado, tenemos tres autores: Charles Cooley, George H. Mead y Baldwin, que hablan de "los otros" y la importancia que se genera en el desarrollo del autoconcepto.

Para los dos primeros, el autoconcepto es una construcción de índole y origen social. A través de las interacciones con los otros, nos vamos dando cuenta de que éstos tienen una imagen, ideas y opiniones acerca de cómo somos. Éstas opiniones e imágenes son transmitidas habitualmente por medio del lenguaje y generalmente son consideradas como una información valiosa acerca de nosotros mismos, fundamentalmente cuando provienen de personas que consideramos importantes para nosotros, personas que Cooley denomina "otros significativos"Cooley.jpg.

Podemos decir que parte de nuestro concepto sobre nosotros mismos, según Cooley, se fundamenta en lo que creemos que los otros piensan de nosotros.


Para Mead, la interacción social nos provee de información para formar nuestro autoconocimiento ya que los otros exhiben actitudes o conductas como reacción a nuestra forma de ser o de comportarnos en determinadas situaciones. Éstas reacciones son tenidas en cuenta a la hora de formar la idea de nosotros mismos. Por otra parte, Mead señala que, a través de la interacción social, el sujeto descubre en los otros modelos o pautas tanto de comportamiento como actitudinales que le resultan deseables y tiende a imitarlos y a interiorizarlos.

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Y, por último, Baldwin, propone un modelo de emergencia del autoconcepto a partir de la imitación y la interiorización de los comportamientos de los otros. Dicho proceso se produce ya desde las figuras cercanas al bebé en los primeros años y se va afianzando a través de los años con los otros significativos para el sujeto. Sin embargo, Baldwin apunta un elemento muy interesante en su propuesta y es la idea de lo que podríamos denominar "reciprocidad en la construcción de la identidad". Para este autor, los niños van absorbiendo e interiorizando copias de acciones, actitudes, etc. de los seres cercanos, pero, al mismo tiempo estas informaciones no solo forman claves para su autoconocimiento sino también para el conocimiento de quiénes y cómo son los otros.


3.2 Evolución del autoconcepto


El autoconcepto va progresando y efectuando cambios en el individuo a lo largo de toda su vida. Dicha evolución se debe a la interacción de dos factores fundamentales:
  1. El avance de las capacidades cognitivas.
  2. El aumento y la calidad de las experiencias sociales que, en distintas situaciones, va teniendo el invididuo.

No resulta fácil el estudio de la percepción que tienen las personas sobre como son o como se ven a sí mismas. A partir de los 6 años el autoconocimiento de los niños comienza a ser más complejo e integrado.

En el momento en el que los niños empiezan a emplear categorías más complejas y sofisticadas durante la etapa de primaria podemos observar nuevamente, la evolución de los aspectos que los individuos son capaces de tener en cuenta a la hora de aportar una definición de sí mismos. Para ello, utilizamos autodescripciones para la investigación del autoconcepto, ya que es una de las estrategias más usadas y productivas en estos casos.

También los niños son capaces de integrar características opuestas y aportar información sobre sus estados internos como características de su personalidad. Se definen atendiendo a características compartidas con un grupo, mostrando de esta forma su comprensión de sí mismo como un sujeto que ocupa distintos roles según las circunstancias en las que se encuentre.

Este conjunto de cambios no ocurre ni por casualidad ni de forma azarrosa, sino que está íntimamente relacionado con los importante progresos cognitivos que tienen lugar en torno a los 6 años y que continua en los años inmediatamente siguientes, como acaba de verse en el capítulo anterior.
El desarrollo del autoconcepto dista de ser homogéneo desde los 6 a los 12 años, siendo posible distinguir dos tramos evolutivos diferentes dentro de esos márgenes de edad:

Entre los 6 y los 8 años se asiste a la consolidación de algo que ya estaba apuntado antes de los 6 años que es la tendencia de hacer discriminaciones cada vez más finas en la descripción de uno mismo, esas discriminaciones implican ahora en gran medida comparaciones con uno mismo en las que frecuentemente se utilizan contraposiciones y constraste del tipo todo o nada, en las que el propio yo es el principal elemento de referencia, pero explorando cada vez más los contenidos internos y de naturaleza psicológica, ej. Me pongo muy contenta si vienen amigas a jugar conmigo.

La vertiente más social del autoconcepto se hará más patente entre los 8 y los 12 años, donde las relaciones interpersonales y las comparaciones con otros niños y niñas se irán haciendo predominantes, reapareciendo el yo como espejo de la imagen que de nosotros mismo obtenemos en la vida y los intercambios sociales (Cooley), en este tramo de edad se obervan además generalizaciónes que integran conductas diversas y conceptos opuestos, incrementándose además el énfasis en las descripciones referidas a contenidos y rasgos internos, ej. Me gusta jugar con mis amigas en mi casa, pero no me gustan los juegos en la calle.

De...
a...
Descripción del cambio
Simple y global
Diferenciado y articulado
Al principio, los niños forman conceptos de sí mismos de carácter global. A medida que avanza el desarrollo, se hacen distinciones más precisas y articuladas.
Arbitrario y cambiante
Coherente y estable
Los niños más pequeños cambian frecuentemente su autoevaluación, que se realiza basándose en evidencias externas. Conforme crecen, los niños empiezan a basarse más en juicios propios y en la evaluación de la evidencia, ganando su autoconcepto en coherencia y estabilidad.
Concreto
Abstracto
Los niños más pequeños, cuando se describen a sí mismos, se centran más en los aspectos físicos, externos y visibles. La tendencia que se sigue conforme avanza el desarrollo es ir dando más peso en las autodescripciones a los aspectos no visibles, sobre todo a las características sociales psicológicas.
Absoluto
Relativo
Al principio el autoconcepto se define sin incluir ninguna relerencia a los otros, en términos absolutos. Este concepto de su mismo va dando paso a otro más relativo y comparativo, que se define basándose en las comparaciones con los otros.
Yo público o externo
Yo privado o
interno
Los niños más pequeños no distinguen entre los sentimientos privados e internos y la conducta externa y pública. Los niños mayores consideran su yo privado o interno como su auténtico yo, no accesible a los demás.

4. La autoestima. Dimensiones, evolución y determinantes.


La autoestima se refiere a la evaluación de sí mismo es decir, a cómo valora cada persona sus propias capacidades y competencias.
Las dimensiones que son relevantes para la autoestima van cambiando con la edad, y, en sentido parecido a lo visto en relación con el autoconcepto, se puede decir que, la autoestima está menos diferenciada en las edades más tempranas y que se va haciendo más diversificada y compleja a medida que el desarrollo avanza.

Durante los 6 a los 12 años, es posible hablar de dos dimensiones de la autoestima en relación con esta faceta: la autoestima en relación con el aspecto físico y la relativa a la competencia o destrezas físicas (Harter, 1983). Además de la autoestima física, durante los años escolares son igualmente importantes las dimensiones relacionadas con la competencia académica y la competencia social.
Al tiempo que la autoestima se diversifica y aparecen nuevas dimensiones, según se avanza en la edad se va también consolidando una autoestima global que refleja una valoración general del yo, no ligada a ninguna faceta específica.

4.1 La autoestima en niños entre 2 y los 6 años


Para evaluar la autoestima entre los 2 y los 6 años, podemos hablar de al menos cuatro dominios distintos: Competencia física, competencia cognitivo-académica, aceptación por parte de los iguales y aceptación por parte de los padres.
Los niños y niñas de estas edades parecen ser capaces de describir cómo son de competentes o hábiles en cada una de las dimensiones anteriores, pudiendo variar su autoestima de forma considerable de unos dominios a otros, así van desarrollando una valoración general de sí mismos.
Lo que resulta más interesante es que en contra de lo que ocurre con la autoestima relativa a áreas específicas, esta autoestima global no parece desarrollarse hasta los 7-8 años, momento en que empiezan a ser capaces de autoevaluarse, empiezan a ser más objetivos, entre los 2-6 años tiende a ser más idealizada, adoptando un sesgo* generalmente positivo y con una cierta confusión entre el yo real y el yo ideal.
La autoestima se ha convertido en un rasgo psicológico de gran interés. Esta es la razón por la que muchos investigadores se han centrado en explorar los factores asociados con una alta o baja autoestima.
El trabajo de Coopersmith* en 1967, puso de manifiesto que el grado de aceptación de las personas más significativas y cercanas, así como el tipo y calidad de las relaciones que con ellas se establecen parecen destacar entre los factores más determinantes de la autoestima.
117_790-nino_espejo-ok.jpgAsí es habitual que niños y niñas de alta autoestima se sientan queridos y aceptados por las personas que les rodean, con las que además mantienen unas relaciones cálidas y positivas. Aparece la metáfora del yo como espejo pues para que un niño se valore a sí mismo necesita sentirse valorado por las personas que le rodean que suelen ser los miembros de su familia, especialmente sus padres, la autoestima durante esto años remita en gran parte a los estilos de educación familiar.
En una casa donde los padres tienen una autoestima alta, los hijos observaran que los integrantes de la familia desarrollan su propio potencial, verán los retos como algo cotidiano y natural y los errores se interpretaran como oportunidades de aprendizaje y no como fracasos que los llenen de culpabilidad. Si a un niño se le corrige con cariño y somos capaces de fundamentar su necesidad, los niños suelen aprender mucho de los fallos, es importante aclarar que para el desarrollo de una buena autoestima son importantes los limites y la disciplina; los limites deben ser precisos, adecuados y claros, los cuales se deben hacer con respeto, firmeza, delicadeza y amor, la disciplina se debe dar de la mejor manera sin necesidad de llegar a que el niño tenga miedo.
En una casa de autoestima baja, los hijos observaran que los integrantes de la familia no se valoran a sí mismos, cada vez que tienen algún problema esperan que otras personas se lo resuelvan, tienen miedo al fracaso. Los niños difícilmente podrán desarrollar su autoestima, debido a que no existirá estimulación en su hogar siendo este el principal entorno para llevar su autoestima.

4.2 La autoestima en niños entre los 7 y los 12 años


Son muchas las características que guardan una relación con la autoestima, como el denominado lugar de control, concepto elaborado por Rotter* (1975), que hace referencia al control que la persona tiene sobre sus actos y sobre lo que le ocurre en la vida.
Una persona tiene un lugar de control interno cuando piensa que es ella quien controla el curso de su propia vida, lo que ocurre es por su voluntad y sus decisiones, en cambio una persona que tiene un lugar de control externo piensa que son la suerte o el destino, más que las propias capacidades o el esautoestima1.jpgfuerzo personal las responsables de el trayecto de su vida.

La autoestima positiva en un niño suele estar relacionada por un lugar de control de tipo interno, mientras que una autoestima negativa suele ir asociada a un lugar de control de tipo externo.
Así, por ejemplo, un niño cuyas opiniones son escuchadas y tomadas en consideración por sus padres está recibiendo a la vez un apoyo a su autoestima y un refuerzo a la idea de que él tiene un cierto poder de influencia sobre lo que le ocurre.
Además de compartir las mismas influencias educativas, las relaciones entre autoestima y lugar de control parecen alimentarse en unos estilos atribucionales ante los éxitos y los fracasos bastante distintos entre los niños de baja y alta autoestima.
Los niños que desarrollan un estilo atribucional con percepción de control y competencia creen que sus éxitos se deben a sus capacidades, en gran parte determinadas por el propio esfuerzo, mientras que los fracasos suelen atribuirlos a factores externos o propios que se pueden controlar, estos niños desarrollan altas expectativas de éxito y adoptan actitudes entusiastas y persistentes ante nuevos retos y tareas.
Por el contrario, los niños que se perciben sin dominio sobre los procesos de aprendizaje relacionan sus fracasos, con su capacidad, la consideran una característica fija que no se puede modificar, esto favorece la percepción de la perdida de control sobre el proceso de aprendizaje y un sentimiento de incompetencia, que conlleva a una baja autoestima.
En estas edades, a partir del comienzo de la escuela primaria, es muy importante la valoración de la competencia académica. Los niños que se sienten seguros de sus capacidades se encuentran más motivados para afrontar nuevas tareas, tienen mayores expectativas de éxito y son más persistentes en su trabajo. Pero, no podemos olvidar que existen distintos estilos atribucionales que implican interpretaciones muy distintas de los éxitos y los fracasos, la valoración de la competencia académica está tan influida por los resultados obtenidos en la escuela, como por la forma en que cada sujeto interpreta dichos resultados.

En la autoestima en estas edades no solo intervienen todos los procesos anteriores, ya que los procesos de comparación social y, especialmente el profesor, constituyen también claras fuentes de influencia, la actitud y la conducta del profesor hacia el alumno se revelan como un factor determinante para la valoración que éste hace de su competencia académica.
Cuando profesor transmite a un alumno altas expectativas y un respeto hacia sus capacidades, está potenciando en ese alumno la confianza en sus propias capacidades y facilitando su éxito escolar. Por el contrario, un profesor mantiene bajas expectativas o una actitud de desconfianza acerca de las capacidades de un alumno, está mermando su autoestima y favoreciendo los sentimientos de incompetencia e inseguridad.

Pero la valoración de competencias académicas no sólo recibe influencias del propio contexto escolar, las actitudes y expectativas y las conductas de los padres son igual de importantes.
En sus interacciones cotidianas los padres dejan entrever a sus hijos lo que esperan de sus capacidades y lo que opinan de sus resultados escolares. Cuanto mejores y más ajustadas a las posibilidades de cada niño sean las expectativas familiares y más se valore su rendimiento,
más probable es que él mismo valore sus logros y se sienta seguro de sus capacidades.


Distintos estilos de atribución
Atribuciones
ante éxitos
y fracasos
  • Éxito → competencia
  • Fracaso → dificultad de la tarea
→ falta de esfuerzo
  • Éxito → suerte
  • Fracaso → falta de competencia
Perspectiva sobre la propia competencia
↓Se puede mejorar con esfuerzo
↓No se puede cambiar
Expectativa de éxito
↓ALTA
↓BAJA

5. Rol de género e influencias educativas.


sexismo.jpgLa familia desempeña un importante papel en el desarrollo del género de niños y niñas.
Padres y madres parecen tener percepciones y expectativas diferentes de sus hijos y de sus hijas; mantienen unas ideas sobre la crianza y la educación de los niños en las que se concibe que, niños y niñas deben recibir un trato diferencial que promueva en ellos y ellas, valores y características apropiadas a sus respectivos géneros. Este tratamiento diferencial de los hijos en función de su género comienza con la elección de enseres y juguetes diferentes para niños y niñas durante la primera infancia, continua con el fomento de actividades y juegos distintos durante los años anteriores a la escuela primaria, y se prolonga durante el resto de la infancia a través de la promoción de características distintas (por ej. mayor independencia en el caso de los hijos varones) y de unas percepciones y expectativas diferentes sobre las capacidades de niños y niñas en las distintas materias escolares (mayor competencia de los niños en matemáticas y deportes, y de las niñas en lenguaje e idiomas).
Este trato diferencial de los hijos en función del género es característico de los padres en mayor medida que lo es de las madres, al mismo tiempo que las prácticas estereotipadas se aplican con mayor frecuencia y rigidez para los niños que para las niñas (Lytton y Romney, 1991), lo que tal vez explique la menor flexibilidad de los varones en cuanto a los roles de género.

IMAGEN_ROLES.jpgLA INFLUENCIA DE LA ESCUELA PUEDE ATENUAR LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO


- Pero no son los padres los únicos adultos que influyen en la adopción de estos roles. Una vez que se produce la incorporación al contexto escolar, muchas de las diferencias y de los estereotipos promovidos por los padres pueden ser ahora mantenidos y fortalecidos por la actitud y la conducta de los profesores. Así, diversos estudios han puesto de manifiesto que muchos profesores actúan con los niños en función de los estereotipos de género, de forma que, por ejemplo, alaban y valoran en los niños aspectos relacionados con sus logros y competencias, mientras que de las niñas valoran más su buen comportamiento y prosocialidad (Good y Brophy, 1994). La influencia de la escuela en este ámbito no se limita a los profesores y profesoras, sino que se completa con el papel desempeñado por los iguales, agentes sociales que contribuyen a acentuar la tipificación de género.


5.1 La autoestima.


La autoestima es un elemento del autoconcepto, es la parte evaluativa. Podemos definir la autoestima como el conjunto de juicios y valores que hacemos acerca de cómo somos nosotros mismos. Estos juicios llevan asociados, a su vez, un conjunto de emociones y sentimientos. Las expresiones del tipo “soy torpe ante situaciones sociales” suponen un análisis del sujeto en varios niveles:

1. Comparación respecto a otros que son hábiles o considerados como inteligentes o capaces.
2. Pueden llevar asociados pensamientos acerca de lo dificultoso (si no imposible) de remontar esas situaciones, ya que en muchas ocasiones se entienden dichas posibilidades o aptitudes como características de los sujetos y no modificables.
3. Estos pensamientos y juicios llevan aparejados sentimientos de incompetencia, ansiedad, etc.
4. El individuo evalúa, comparando, lo que él cree que es.

En definitiva, está valoración requiere capacidades cognitivas y sociales un poco superiores a las involucradas, en primer termino, en el autoconocimiento y en el autoconcepto.

autoestima-en-los-niños.jpgConforme los niños crecen, su autoconcepto va modificándose:

  • De 6 a 8 años, se sienten como personas con sentimientos y deseos.
  • Ya a los 8 años, distinguen entre características físicas y psicológicas. Identifican el “yo” como algo interior y psicológico.
  • Cuanto más se acercan a la adolescencia, sus autodescripciones se realizan más en términos abstractos que concretos.

Si el autoconcepto está en función de la interacción con los demás, puede variar. Otros dicen que no, que una vez el autoconcepto es fuerte adquiere estabilidad. Esto da lugar a una gran polémica. Pero se admite tanto la estabilidad como el cambio.

- Los estudios realizados por Damon y Hart, evidenciaron un cambio ordenado; cierta estabilidad en medio de un cambio constante y la naturaleza regular y predecible de las transformaciones del autoconcepto a lo largo de la infancia.
- Harter dice que existe estabilidad en la autoestima durante la infancia, un descenso a los 12-13 años, y luego un aumento. Los determinantes de la autoestima son: la relación con los padres, el respeto mutuo y una relación basada en la aceptación.
La salida de un contexto familiar para integrarse en la escuela, ofrece la oportunidad de cambiar o confirmar la autoestima, además de contribuir al desarrollo de un autoconcepto académico, que va a ser un factor determinante del rendimiento escolar.
Una persona tienen un lugar de control interno cuando cree que las cosas le suceden por sus esfuerzos y decisiones (éxitos). Tienen un lugar de control externo cuando cree que son por suerte o destino (fracasos).

El autoconcepto y la autoestima no son estáticos: Evolucionan a lo largo de la vida del individuo. De esta evolución son responsables varios factores que interactúan entre sí:

- La evolución en el conocimiento y las habilidades sociales y de relación con los demás. El proceso de socialización en el que crecen inmersos los individuos supone la adquisición de un conjunto férreo de normas y expectativas que acaban siendo asumidas por los sujetos como propias. Hacia los siete u ocho años los niños ya han internalizado de forma muy consistente lo que los demás esperan de ellos y, por otra parte, ya conoce un amplio conjunto de normas y reglas acerca de muy diversos órdenes. Para Higgins estas normas y expectativas sirven al niño como una potente fuente de comparación respecto de su Yo real. Es decir, estas internalizaciones serian referentes, “auto-guías” con las que el niño compara su actuación y competencia real. Con la edad, estos referentes pueden modificarse siempre y cuando vaya también desarrollando un sentimiento de autonomía e independencia.
El grupo de iguales es otro referente importante durante estas edades, ya que los niños tienden a compararse sistemáticamente con otros y a tomar muy en cuanta sus opiniones y valoraciones sobre ellos mismos. El afianzamiento y pleno rendimiento de su teoría de la mente, hace que los niños tomen muy en consideración cualquier valoración de los otros ya que él también las realiza sobre ellos.


niña_con_autoestima_bajo.jpg- El contexto familiar, es decir, la crianza. Estas pautas de crianza son uno de los referentes para la adquisición de una buena autoestima. Unos padres cariñosos que muestran interés por los diversos aspectos de desarrollo de niños y adolescentes y que expresan expectativas razonables y ajustadas a las capacidades de sus hijos, suelen generar en ellos un sentimiento de autovaloración positiva y de bienestar. Estos padres y, en el ámbito académico, los maestros y profesores aportan a los niños y adolescentes sensación de independencia y competencia.
Por el contrario, padres represivos, autoritarios, excesivamente preocupados por las comparaciones con otros niños, adolescentes o modelos suelen generar en sus hijos una autoestima baja, ya que estos asumen la necesidad de modelos exteriores que controlen su comportamiento y que sus rasgos son permanentes, es decir, con poca o nula posibilidad de cambio. Los padres que utilizan pautas de crianza sobreprotectoras pueden llegar a generar el mismo tipo de autovaloraciones.


- El progreso en las capacidades intelectuales. Otro aspecto de esencial importancia que se desarrolla durante estos años es la formación de toda una constelación de representaciones, muy influidas por variables del entorno social y de las pautas de crianza, acerca de la posibilidad o no de cambiar sus competencias y actuaciones. Por ejemplo, un niño puede pensar que es torpe para las matemáticas y tener asumido de igual modo que la inteligencia, como herramienta de comprensión de dicha materia, es innata o no se puede variar, es decir, “se es torpe” para las matemáticas.

200px-Wm_james.jpgWilliam James apunta el fundamento de la autoestima en la distinción y comparación entre el Yo real y el Yo ideal, es decir, entre lo que el sujeto es y lo que piensa o siente que debería ser.En los últimos años, Higgins establece una distinción en la que introduce un nuevo elemento de crucial importancia:
  1. Yo presente o real. Suponen las representaciones que tienen los individuos acerca de lo que son, de los atributos que le caracterizan.
  2. Yo ideal. Está compuesto por las representaciones del conjunto de atributos que al individuo le gustaría poseer.
  3. Yo debiera. Este Yo estaría conformado por el conjunto de representaciones que el sujeto considera que debería poseer. Según la autora, este nivel del yo se nutriría de las expectativas y percepciones sobre aquellos derechos, obligaciones y responsabilidades que los individuos creen que les serian propios.

la-autoestima-en-los-niños.jpgParece claro que nuestro sistema de creencias sobre nosotros mismos tiende a compararse con otro sistema de representaciones y creencias sobre lo que querríamos o deberíamos ser. Estas comparaciones nos harán caer en la cuenta de la existencia o no de discrepancias entre ambos sistemas.

Tradicionalmente se ha insistido en que las discrepancias pueden ser generadoras de desajustes en el individuo. Actualmente se considera que a lo largo del desarrollo se producen, de forma natural y en diferentes magnitudes, dichas discrepancias.

Las discrepancias entre el Yo real y el Yo ideal tienden a aumentar desde los siete años y se seguirá incrementando hasta la preadolescencia. A lo largo de la etapa escolar los niños tienen una mayor tendencia y capacidad a la autocrítica, lo que repercute que se revise su autoconcepto y, como consecuencia, la autoestima se vea afectada.

El autoconcepto generado durante estos años y su valoración resultan de gran importancia para el posterior desarrollo psicológico y emocional. Muchas de las visiones que sobre uno mismo adquiere durante la infancia, especialmente durante el final de esta etapa, resultan difícilmente modificables en edades posteriores.

Mapa conceptual


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BIBLIOGRAFÍA:

- Manual de desarrollo psicológico y educación, 1. Psicología evolutiva, 2ª edición, compilación de Jesús Palacios, Álvaro Marchesi y César Coll, editorial Alianza, S.A., Madrid 2001.

- "Psicología del desarrollo. el lactante y el preescolar", Hiram E.Fitzgerald, Ellen A. Strommen y John Paul Mckinney, editorial el manual moderno.

- "Desarrollo psicológico y educación", Jesús Palacio. Editorial Alianza


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http://www.cepvi.com/psicologia-infantil/autoconcepto3.shtml
http://es.wikipedia.org/wiki/Autoconocimiento
http://es.wikipedia.org/wiki/Autoestima
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